Humidores Habana, más que un slogan

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El artista José Ernesto Aguilera Reina habla de sus éxitos.

Humidores Habana, más que un slogan

Por Silvia Martínez

Roma (PL) – Piezas únicas, hechas con maderas centenarias, oro, plata, bronce, marfil, piedras preciosas y semipreciosas, le dan un toque especial al desafiante diseño, hecho al gusto personal de quien lo contrata, de un artículo destinado a conservar el auténtico habano de Cuba.

A José Ernesto Aguilera Reina se le encuentra en “Smoking in Rome Cigar Club”, un lugar en el mismo centro de la capital italiana, donde una percha para colgar los abrigos, en una noche fría, sustrae al visitante de la idea de no estar en La Habana, porque todo cuanto allí existe lo traslada a la hermosa Isla.

Aguilera, como lo llaman en su barrio, es el artífice de obras de arte diseminadas por el mundo, entre ellas tres firmadas por Fidel Castro en las subastas realizadas, a partir del 2006 en La Habana, como parte del Festival del Habano, destinadas a recaudar fondos para la Salud Pública cubana.

Humidores Habana, un proyecto con dos décadas de vida, multipremiado en festivales nacionales e internacionales, nació bajo el principio de que “si Cuba tiene el mejor tabaco del mundo también debe tener los mejores humidores del mundo”.

Así, un gran sueño que la realidad fue dibujando desde el 2005, cuando surgió en un sótano del edificio donde todavía reside Aguilera en Arroyo Naranjo, Humidores Habana “se coló” en las series especiales de Habanos, S.A., para conservar en óptima temperatura el preciado y costoso tabaco.

La máxima desde el principio fue “arropar” al habano, ese embajador cubano de todos los tiempos, con una exclusiva obra de arte; “y lo hemos cumplido”, asegura Aguilera; quien añade que “la prueba está en la subasta de Habanos a donde llevamos todas nuestras fantasías y a través de la cual ha recaudado más de tres millones de dólares para la salud pública cubana, solo con nuestro proyecto”.

Además de otros humidores que se confeccionan por encargo para obsequiar a determinas personalidades.

Están en el mudo entero

Ante la pregunta de si sabe dónde están sus humidores, sonríe y se encoge de hombros: “Están en el mundo entero; cada año hacemos una serie especial limitada de 450, los que no alcanzan para todas las tiendas del mundo donde se oferta el tabaco cubano”.

La comercialización desde hace cinco años de estas reliquias artesanales en Europa, principalmente en Suiza, Bélgica e Irlanda, hizo que el Fondo de Bienes Culturales le entregara al proyecto el premio como mejor exportador del país.

Aguilera es orfebre y trabaja el metal, pero desde hace 20 años “decidí echar mi suerte con los humidores; reflejar lo que podía ser capaz a través de este mueble: toda la cultura y las tradiciones que lo envuelven, tan nuestras”.

Se involucró más cuando conoció a fumadores de habanos y a torcedores de cada puro hecho a mano, hoja por hoja; no cualquiera, sino la mejor y la que toca, según la vitola, porque cada marca tiene su magia, sus secretos y su sabiduría, que el buen fumador conoce.

Detrás de cada tabaco cubano hay un ser humano que pone lo mejor de sí en una obra de arte, y eso me encantó, rememora y comenta que, desde entonces, se propuso contribuir con más belleza y cubanía a esa gran obra. “Vivir el lujo de acompañarlos por el mundo fue mi reto y lo he logrado”.

“Son como huacales para guardar tesoros, el tesoro del habano cubano; por eso disfruto al máximo mi trabajo”, añade.

Aclara con énfasis que el logro mayor de Humidores Habana es que se trata de un proyecto comunitario, “nacido en mi barrio, donde más de cuarenta personas aprendieron a hacerlos, como una familia de artesanos, en la que muchos jóvenes se ven realizados con su trabajo”.

Son razones por las que este destacado artesano es Hijo Ilustre de su natal Arroyo Naranjo, y de que le hayan entregado además Las Llaves de su municipio, debido a los aportes a la cultura y al trabajo comunitario; sobre lo cual dice: “Yo vivo orgulloso”.

El taller, explica, “es un local de unos 200 metros cuadrados –además del sótano–, muy bien aprovechados, y con un flujo de producción increíble; comenzamos haciendo 200 humidores y ya tenemos de cinco a seis contratos cada año, labor que realizamos con el apoyo del Fondo de Bienes Culturales”.

En Roma, como parte de los tantos detalles genuinamente cubanos que colman el Club de Fumadores, hay obras de Aguilera, como la serie Tablas de Rolar, estuches para damas, con su pequeña chaveta.

Se encuentra también la serie Tesoros de Cuba, que ‘recoge la historia de personas increíbles, uno de ellos inspirado en un personaje de mi comunidad, quien nos ayudó a levantar el taller’, dice.

Humidor que resume la historia de nuestro proyecto, agrega, un contenedor de tabaco con fantasías donde se combinan técnicas de ebanistería, orfebrería y marquetería.

Este otro, señala, fue realizado “especialmente para este Club de fumadores de Roma –institución que lo invitó a la entrega del Premio a la Solidaridad 2016, otorgado por la fundación italiana Foedus– y que recrea el naufragio, en 1605, de marineros italianos en el bergantin “Mantova”, quienes, según cuentan, recalaron en el extremo occidental de Cuba y fundaron allí la hoy ciudad de Mantua”.

Está hecho con un tronco de más de 200 años e incrustación en metal de la loba Luperca, que, según la mitología romana, amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de Roma. Recrea recuerdos y fantasías de aquellos navegantes que recalaron allí y conserva la belleza del viejo madero. Refleja la unión entre las dos culturas.

“Siempre que salgo de Cuba, agrega, la extraño increíblemente”. Sin embargo, comenta, “llegar a un lugar como éste, donde todo, hasta el más mínimo detalle, tiene que ver con Cuba –un busto, una estatua, una bandera, cuadros, ceniceros, libros, la música y por supuesto habanos y rones cubanos–, me hace sentir muy bien”.

“Este entorno, sobre todo, me hace respetar lo que soy y amar más lo que hago, porque siento que se le da valor a mi obra, la cual realizo precisamente para agregarle importe al habano”.

Aquí hay una cultura y, en honor a la verdad, Humidores Habana está representando a Cuba en Europa, y “¡Ahí sí se puede!”, exclama y levanta los brazos, tal como lo haría allá, en su taller, para compulsar a su colectivo.

Luego comenta sobre muchas de sus joyas de mayor atractivo, las llamadas colecciones privadas, como el humidor de control remoto, subastado en 450.000 euros, y el cual, al apretarse un botón en un mando, abre todas sus gavetas; o el estuche de un secretero regalado a Eusebio Leal en su último cumpleaños.

En febrero del año próximo estará en la subasta de la Fiesta del Habano, una pieza que representa la marca Cohiba y posiblemente otra sobre Montecristo.

Con su obra, sus amigos, la familia, la hija Claudia que le marca los pasos, Aguilera se siente un artista realizado, a lo que ha llegado sin darse cuenta, según confiesa, aunque sí es consciente de que fue poco a poco, sin desmayar, superándose todos los días.

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