¿Hay hombres que dan a las mujeres deseos de gritar?

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¿Hay hombres que dan a las mujeres deseos de gritar?

Por Raymond Chandler

¿Hay hombres que dan a las mujeres deseos de gritar? Claro que sí, pero aquí sólo nos ocuparemos de los que las hacen gritar de rabia. Entre ellos, tenemos al hombre almeja, al varón pseudo liberado, al adolescente perpetuo y al herido andante: todos esos personajes logran que las mujeres les griten barbaridades.

El hombre almeja tiene un carácter reprimido y cauto. La psicóloga Connel Cowan, indica que suelen ser atractivos, intrigantes y peligrosos. No comparten sentimientos y obligan a su pareja a hacer todo el trabajo emocional de la relación. Walter Riso (Amores altamente Peligrosos), dice que este tipo de personas no es capaz de reconocer sentimientos de los demás. Muestra pocos sentimientos o afecto hacia gente de su entorno, pues teme que el hecho de mostrarse sensible le haga sentirse vulnerable y, por tanto, inferior.

Esa característica contrasta con la necesidad del egocéntrico, de ser admirado, halagado y respetado. Todo esto genera en él. falta de compromiso con la familia, pareja o amigos. A simple vista, se nota que tienen una coraza dura y controlada. A kilómetros, se huele su carácter huraño y desconfiado. Piensan que tener y expresar sentimientos no es asunto de hombres. Por eso, nadie los oye comprometerse, nadie sabe lo que sienten en verdad; hasta que se descubre que son hipócritas emocionales; nadie escucha sus ruegos amorosos, pero todos saben que huirán de los compromisos. Incluso huirán de aquellas mujeres que no quieren estar enjauladas.

El ejemplo clásico, es el de la mujer que conoció a la almeja de su vida, en una discoteca. Y como suele suceder en estos casos, ella le entregó su alegría sabichosa y los dulces secretos de su intimidad, pero esa misma noche descubrió que él no confiaba en ella cuando ocultó su cartera dentro del zapato, y al cabo del tiempo se encerró en sí mismo, perdió el interés en sus dádivas sexuales y aparecieron sus verdaderos sentimientos. Por eso, la mujer se quedó sola, gritando improperios, palabras soeces y malsonantes contra este perverso, que lo recibió todo, pero no dio nada, porque no podía enfrentar el temor a sentirse vulnerable en una relación de pareja.

El varón pseudo liberado es una de las piezas más comunes de este repertorio etnográfico. El Psicólogo Melvin Kinder, uno de los autores del libro Bellas, inteligentes y solas (Editorial Javier Vergara) dice que este hombre parece gentil, sensible; asegura aceptar la libertad de las mujeres, pero en realidad racionaliza sus temores al respecto; y si bien está dispuesto a compartir siempre anda en busca de un auditorio para expresar las inagotables ideas de sí mismo. Suele creer que su diarrea emocional es un don.

“Envuelve su necesidad de consuelo en un bonito paquete”. Dice el psicólogo Kinder que atendió a una mujer, quien interactuó con uno de estos hombres sudo liberados, y su decepción llegó a tal punto de exasperación, que le gritó que se dejara de hablar de sí mismo y se concentrara en hacer el amor. Esto sucedió porque el varón pseudo liberado en el momento menos esperado saca a relucir sus problemas emocionales, como si fueran medallas de guerra. Pero en el caso de la mujer del ejemplo, ella no cayó en la trampa porque como era inteligente, quería experimentar los 10 beneficios que tiene el sexo para la salud.

El adolescente perpetuo detuvo su evolución emocional a los 16 años, pero como el tiempo no perdona, este problema se traduce en su incapacidad para participar plenamente en relaciones de pareja. Es muy desenvuelto, tiene modales y sabe expresarse, pero le tiene terror al compromiso. Es como si viera al diablo, oyera un pelotón de fusilamiento o junto con la pareja matrimonial viniera el carcelero, porque “dar” como “recibir” amor siempre tropieza con su inmadurez. Entonces, este adolescente en conserva, este joven anacrónico ajado por la edad, rechaza a las mujeres por ser mujeres exigentes, por ser mujeres independientes, por ser mujeres amorosas, por ser mujeres tiernas o frágiles o, simplemente, por ser mujeres. Ya mi comandante Ovidio advertía a las divas en el Arte de Amar, que amar a este tipo de hombres era apretar perros rabiosos con su pubis. Si aplicamos las teorías de León Hebreo, en sus libro Diálogos de Amor (1535), estos personajes se creen hijos de Jove, júpiter y en virtud de ello vuelan como águilas eternas sobre los tálamos nupciales. Sin embargo, tienen un vuelo rastrero de gallinas. Debido a ello, Zygmunt Baugman (El Amor Líquido), señala que no dejan madurar el deseo y andan de compra porque para ellos la mujer es una mercancía desechable.

¿Cuál es su el delito? ¿Haber leído la parábola del banquete nupcial de San Mateo? ¿Negarse a sacrificar dos bueyes y cuatro carneros o hacer una gran hornada de pan para los invitados a la boda? Claro que sí. Ellos le tienen terror al compromiso. Si la mujer los presiona demasiado, para atraerlos, consigue un efecto contrario, porque se alejan emocionalmente de ellas o buscan damas de las cuales nunca se enamorarán porque las consideran desechables. Generalmente, las mujeres se cansan y gritan: ¡No te voy a esperar a que cumplas 40 años, desgraciado! O gritan: ¡Allá tú, que te lo pierdes!

Se puede pensar que el herido andante es como el caballero andante, que se sacrifica a sí mismo para salvar a la dama vigilada por el dragón del cuento. Nada más falso. Este es un pobre hombre triturado, machacado, exprimido por su ex mujer, quien le ha quitado la casa, el sueldo, los hijos, el afecto, las pechugas de soprano y lo deja pelado y enteco para ser consumido en esa capilla de expiación, que son los recuerdos y las pensiones alimenticias.

La mayoría de las personas piensan que es el pobre divorciado, deprimido, aquejado por una tediosa autocompasión, quien debe trabajar el doble para vivir arrimado. Pero no es así. Melvin Kinder asegura que ellos atraen a las mujeres porque están dispuestos a rehacer su vida, no porque se hayan leído El Manual para el reciclaje amoroso, de Rosaura Rodríguez, sino porque están dispuestos a soportar cualquier situación para no estar solos. O, tal vez ellos se vuelven a casar porque se enteraron de que los científicos del Centro Médico de la Universidad de Nueva York, aseguran que casarse es una buena manera de vivir más tiempo – por lo menos eso es lo que dice la investigación de la Universidad de Wake Forest-.

El matrimonio ofrece apoyo emocional, la intimidad física e intelectual, así como los vínculos sociales más profundos ligados a la familia, lo cual reduce la presión arterial y mejorar, en general, la salud del corazón. Sea cuales sean sus motivos, deduzco que somos las principales víctimas de las solteronas, las viejas bigotudas, o de las mujeres que les gusta consumir despojos sin compromiso.

Lo terrible del herido andante, es que estamos dispuestos a casarnos de nuevo, para que nos sigan gritando las mismas cosas. Sin duda, muchos hombres evolucionaran hacia la madurez, pasando por estas cuatro etapas de la estulticia, y como cualquier condenado al infierno de Dante, sólo sentiremos estupor y remordimiento, porque las mujeres nos seguirán gritando las mismas barbaridades desde siempre y para siempre. Por eso, hay que superar estos roles. Y ser cautos, precavidos y amorosos con las mujeres, sobre todo si se leyeron Las mil y una noches.

Por lo demás, sin caer en un moralismo en chancletas, si yo hubiera sabido esto hace 30 años, me hubiera ahorrado cuatro divorcios. Sin embargo, como no hay escuelas para graduarse de hombre perfecto, propongo recurrir a las oportunas enseñanzas de los viejos maestros. Porque si hay que hacer gritar a una mujer, que sea por las razones del veneciano Casanova, quien en sus memorias deja consignado para la posteridad una verdad de a puño: si haces gritar a una mujer de placer, te amará para siempre.

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