Fiesta del Gran Poder, reflejo de la identidad boliviana

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Chicas y chicos participan en el desfile en la Fiesta del Gran Poder en Bolivia.

Fiesta del Gran Poder, reflejo de la identidad boliviana

Por Glenda Arcia
Corresponsal de Prensa Latina en Bolivia

La Paz, jun (PL) – Mezcla de música, bailes y teatro, la celebración de Jesús del Gran Poder o Fiesta Mayor de los Andes atrae cada año a miles de personas a las principales arterias de la capital boliviana, donde confluyen fe, devoción y cultura.

Más de 40.000 bailarines de 67 fraternidades adornan las calles del centro de La Paz con sus vestuarios y danzas típicas, como parte de una conmemoración que combina elementos aymaras y de la religión católica.

Es arte vivo, cultura pura: los trajes, los bordados, los pasos, las canciones, la coreografía, la representación y significado de cada danza. Es una articulación de lo tradicional y lo moderno, aseguró el vicepresidente de esta nación andina, Álvaro García Linera.

Todo lo que se ve no es fabricado, es hecho a mano y eso es arte que se renueva, se mejora y se enriquece día a día, señaló.

La festividad, cuyos orígenes datan de mediados del siglo XVII, es preservada por el pueblo boliviano, en especial el paceño, que aspira a verla declarada Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Según los historiadores, hacia 1663 las postulantes al Convento de las Madres Concepcionistas debían llevar consigo una imagen y la monja Genoveva Carrión optó por un lienzo de la Santísima Trinidad, consistente en retrato de Dios con tres caras (padre, hijo y espíritu santo).

En 1904, el cuadro fue retocado y la figura quedó con un solo rostro, tras lo cual fue llamado el Señor del Gran Poder.

Con el tiempo, el culto de la imagen se extendió, el número de creyentes creció y se llegó incluso a construir un templo en la zona de Chijini, hoy calle Gallardo.

En 1923, surgieron las primeras fraternidades, grupos de feligreses que bailaban para honrar al Señor del Gran Poder.

Cerca de 30 años más tarde, se realizó un festival departamental de danzas, donde surgió la idea de una celebración más organizada.

En 1969, en el marco de dicha fiesta, los hermanos Estrada Pacheco mostraron al público por primera vez el baile de los Caporales, declarado en 2011 Patrimonio Cultural e Inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia.

Un quinquenio después, el 12 mayo de 1974, surgió la Asociación de Conjuntos Folclóricos, la cual reúne a los principales grupos danzarios de La Paz y otras regiones del país y refuerza el carácter nacional de esa expresión artística.

Según el profesor José Llanos, si bien la procesión del Gran Poder ha cambiado con el tiempo, los aspectos folclóricos se mantienen a lo largo de los años, por lo que se ha convertido en una costumbre de la población capitalina y boliviana en general.

Para el presidente Evo Morales, la fiesta es símbolo de la paceñidad y de la identidad de esta nación.

El mandatario destacó el arraigo de esa tradición entre los ciudadanos, pues muchas familias trabajan durante meses para participar en el desfile.

Con el propósito de postularse ante la Unesco, este año dicha manifestación artística resaltó la música originaria de La Paz y la vestimenta original de la chola, mujer indígena que usa bombín, pollera y manta y lleva el cabello largo, recogido en dos trenzas.

Reconocida como Patrimonio Cultural Intangible de esta ciudad, la chola es considerada por las leyes locales como “la personificación más cabal de la amalgama indo mestiza, que viniendo desde la colonia ha mantenido indestructibles componentes de identidad e individualidad”.

Aunque el uso del traje fue una imposición española, más tarde devino una adopción voluntaria y no es sólo la forma de vestir lo que hace sobresalir a estas féminas, sino los roles que poco a poco fue ganando la mujer aymara en la política, los sindicatos, la cultura y la economía.

El presidente de la Asociación de Conjuntos Folclóricos del Gran Poder, Justo Soria, señaló la importancia de preservar esa y otras tradiciones durante festividades de este tipo, con vistas a su presentación ante Naciones Unidas, para lo cual se inició también la recolección de firmas y la documentación audiovisual.

Según el representante del Museo Nacional de Etnografía y Folclore, Cléver Cárdenas, entre las potencialidades para declarar esta celebración como Patrimonio se encuentran, además del sincretismo religioso y el valor cultural, el “tejido socio-devocional y la participación de las mujeres como un acto reivindicativo de género”.

La fiesta es también reflejo del ser colectivo, del compartir en comunidad, pues agrupa a cientos de familias durante días para disfrutar del arte y las costumbres nacionales.

Antes de realizarse la procesión, los bailarines y el pueblo realizan promesas al Señor del Gran Poder y se comprometen a rendirle honor y participar en la ceremonia.

Poco después se lleva a cabo la entrada folclórica, la cual inicia desde horas tempranas y se extiende hasta el día siguiente con el desfile de más de 60 agrupaciones.

Fraternidades como Los Caporales, Bolivia joven 77, San Simón y Los Indios del gran poder muestran sus mejores trajes y coreografías, tras largos períodos de trabajo y ensayos.

El público se agrupa a orillas de las calles para observar danzas como la Morenada, la Diablada, la Llamerada, los Caporales, el Tinku y otras propias de este país.

Es una tradición muy importante para el pueblo. Asisten miles de personas y el recorrido es bastante largo. Venimos todos los años a celebrar al Tata del Gran Poder y a disfrutar del folclor boliviano, declaró a Prensa Latina María René, desde las gradas ubicadas en la avenida Camacho.

La fiesta, que comienza en las cercanías del Cementerio General, recorre varias arterias paceñas a lo largo de más de cuatro kilómetros.

Entre los puntos principales del trayecto destacan la Iglesia del Señor Jesús del Gran Poder, donde los bailarines realizan su promesa para después atravesar la zona central y desembocar cerca de la barriada de Miraflores.

Un estudio de la Alcaldía de La Paz reveló que la celebración atrae a unos 433.000 bolivianos y visitantes extranjeros, con ganancias por operaciones turísticas y mercantiles equivalentes a 62 millones de dólares.

Más allá de los beneficios para la economía local, la también llamada Fiesta Mayor de los Andes es un verdadero espectáculo cultural, donde se entremezclan tradición y modernidad y se refleja la identidad de una nación.

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