Experto destaca importancia de recuperación de plazas para mejorar calidad de vida

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La recuperación de plazas debe ser una prioridad en las ciudades.

Por Tatiana Oliveros y Marco Fajardo
El Mostrador (Chile)

“El espacio público va a ser donde se encuentran los vecinos. Si el espacio público está abandonado, no hay lugar de encuentro, no hay barrio y al final existen los mismos problemas; vecinos que no se conocen, que no se hablan, no se generan lazos y al no generarse lazos no hay conexiones que ayudan a desarrollar como un área comunitaria”, señala en esta entrevista.

Una década de trabajo ha cumplido la Fundación Mi Parque, dedicada a recuperar sitios eriazos o en abandono en pueblos y ciudades de todo Chile para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Desde el comienzo, el objetivo de un grupo de arquitectos, liderados por Julio Poblete y Martín Andrade, preocupados por darles una mayor dignidad a las personas, fue crear un proyecto para mejorar el entorno diario de la comunidad.

En concreto, su misión es mejorar la calidad de vida en barrios vulnerables a través de un proceso participativo de diseño, construcción y activación de áreas verdes para el encuentro.

“Soñamos con un país donde todos se sientan orgullosos de sus barrios, esa es nuestra visión”, señalan desde la Fundación.

Espacios relegados

Uno de sus integrantes es Carlos Aubert, quien funge como director ejecutivo. Él es ingeniero comercial de la Universidad de Chile y cuenta con un Máster en Gestión de Organización Sin Fines de Lucro en Columbia University.

Anteriormente, se desempeñó como Coordinador de Marketing y Finanzas de la fundación, y previo a Mi Parque, en el área de Marketing de Unilever Chile.

¿Cómo ha funcionado el proyecto? ¿Cómo abordar el tema de la desigualdad urbana, con barrios como Vitacura y Las Condes, donde hay muchas más zonas verdes que en sectores como Puente Alto?

“El problema que comentas es efectivamente cómo nació la fundación”, responde. “Haber visto y visualizar la carencia de espacios públicos y áreas verdes de calidad en muchas zonas de Santiago, muchas comunas, generalmente en la periferia, o sea esto tiene que ver con un crecimiento que a veces es difícil de administrar y que van quedando barrios desconectados y la desconexión tiene que ver con servicios pero también tiene que ver con el paso público”.

Para Aubert, aunque hoy en día se piensa en los espacios públicos como algo muy importante, antes toda la prioridad se la llevaban temas básicos, como viviendas, salud, educación… Y el espacio público muchas veces quedaba relegado.

“Nosotros viendo esa realidad, pensamos que están todos esos temas, pero para generar un barrio. El espacio público va a ser donde se encuentran los vecinos. Si el espacio público está abandonado, no hay lugar de encuentro, no hay barrio y al final existen los mismos problemas; vecinos que no se conocen, que no se hablan, no se generan lazos y al no generarse lazos no hay conexiones que ayudan a desarrollar como un área comunitaria”.

Las razones de la desigualdad

Para Aubert, las razones de por qué está esta desigualdad son muchas. Entre los principales; unas es obviamente los recursos que tiene el municipio, sobre todo tomando en cuenta que hay diferencias de hasta diez veces el presupuesto por metro cuadrado que invierte un municipio en mantención versus otro.

“Entonces, obviamente, si uno piensa en un área verde que tiene diez veces más el presupuesto para mantenerlo, o sea efectivamente tiene muchas más probabilidades de éxito”.

Lo segundo es el diseño del parque, que también está relacionado con el presupuesto, porque cuando tiene un presupuesto alto de mantención puede hacer un diseño de área verde con mucho pasto, mucha vegetación, porque las posibilidades de mantenerlo son altas.

También hay un tercer factor, que es para Aubert el más importante, vinculado a cómo los vecinos de la comunidad se apropian del lugar. Y el cómo hacer que se apropien es la metodología de la Fundación Mi Parque, “acercarse a la comunidad, trabajar con la comunidad durante el transcurso de algunos meses, de dos a tres meses, diseñar con la comunidad el espacio, que tiene que ver con; primero levantar toda la historia, levantar los sueños del lugar, las características de la comunidad, que pueden ser muy distintas”.

Explica que puede haber comunidades que tengan muchos más adultos mayores y otros más niños. Por eso el diseño del espacio tiene que ver con las necesidades de los residentes. La Fundación trabaja con ellos y el resultado es que una vez concretado el proyecto, la comunidad se apropia de él.

“Es como el jardín de alguien, que lo va a cuidar sí o sí, o sea si está un vecino que estuvo participando en el diseño y luego en la construcción, obviamente va a sentir una parte de ello plasmado en ese lugar y eso efectivamente los municipios con los que hemos trabajado lo pueden ver, que el aliado de vecino es demasiado importante. Entonces yo diría que apropiación del espacio, mantención, recursos del municipio y diseño, esas tres variables tiene que juntas como conjugar bien para que un proyecto sea exitoso”.

El impacto de la migración… y los niños

La llegada de migrantes en los últimos años es otro hecho que ha impactado en el trabajo de la Fundación. Chile hoy cuenta con un 3% de población extranjera, el doble que el promedio de Latinoamérica, aunque lejos de las cifras del Primer Mundo.

“En comunas que hay mucho migrante, se convoca en los talleres, se trata de facilitar el tema de comunicación entre ellos para que todos puedan poner sus puntos de vista. Sí es un tema que muchas veces en las comunidades se está más avanzado que en lo que uno ve, relaciones que son mucho más profundas, y lo importante es, desde lo sencillo, que el espacio público es para todos, que son todos los que están involucrados, son chilenos, son migrantes, son niños, son adultos mayores, en el fondo es tener garantía, garantizar que todos van a tener la voz cuando se hace un taller de diseño”.

¿Y a los migrantes les interesa participar? ¿Se sienten parte de la comunidad en donde viven?

“Sí, absolutamente, porque los migrantes desde Haití tienen mucha cultura de vida de barrio y de comercio en las calles”, responde.

“Nosotros lo vemos, son migrantes que les encanta estar y compartir con los vecinos y eso también se visualiza en los talleres. Son temas culturales que hay que tratar con cuidado, pero son las mismas necesidades que tienen todos de tener un espacio público de calidad”.

Siendo la formación de ghettos un gran problema de la migración, en los que se aíslan y no participan de la comunidad, esto colabora a que se produzca una integración y no las segregaciones como ha pasado en otros países.

“La esencia del espacio público es que es de todo”, comenta Aubert. “Y el de todos es que es un lugar que tiene que convocar a todos los que viven en el barrio”.

“Lo digo a partir de los talleres, si uno se impone a todos, unos van a pensar que ese espacio es de ellos y otros van a pensar que se impuso un diseño del que no son parte, entonces, involucrar en el diseño de esto y en todo ese proceso que es del levantamiento de la historia del barrio y esa misma historia que ahora con los migrantes está cambiando, entonces es sobre la historia del barrio, más la historia del barrio que está conformando por los inmigrantes, hay que saber convocarlo. Esto de todas maneras ayuda a que después, ese espacio al ser diseñado por todos, genera otra mística ahí de todos formar parte de un mismo barrio”.

Otro importante actor son los niños. Ellos son, según Aubert, los “grandes movilizadores de estos proyectos”. Porque son uno de los mayores usuarios y conllevan a que haya más adultos vigilando a estos niños. Eso desplaza hechos como el microtráfico y conlleva a que el sitio sea más seguro.

Diez años de existencia: una evaluación

Con una década de existencia, la Fundación ya es capaz de hacer una evaluación de su trabajo. Dentro de la entidad hay un área de seguimiento, que está encargada de visitar todos los terrenos, lo que ha permitido concluir que han tenido éxito.

“Cada vez hemos ido apuntando una mejor vegetación que ayuda a la mantención, los juegos con ciertos materiales, muchas cosas que han ido ayudando”, explica, para agregar que la Fundación sigue en contacto con comunidades de hace un lustro.

“Cada vez hay mejores habilidades en todas la expertises que hay; en arquitectura, en paisajismo… Ha ido aumentando también en temas sociales de cómo llevamos los talleres y hoy en día estamos sobre el 80% que pasa un año y el proyecto es exitoso, que tienen un grado de supervivencia alto, que los materiales y el inmobiliario han aguantado bien”.

Para hacer proyectos hay dos rutas: Una es que las comunidades postulan y lo otro es con el municipio, cuando el municipio les da el terreno. La Fundación verifica temas como la factibilidad técnica y el lugar bien de uso público, junto con asegurar que el municipio firme un compromiso de mantención.

Financiamiento

En cuanto al financiamiento, la mayoría de las veces es de fondos privados. Una empresa puede financiar un proyecto y aportar además con voluntariado corporativo para la construcción.

“Y el día de la construcción, es un día que a pesar de que antes ya hemos horas previas de instalar sombraderos, inmobiliario, juegos más la obra gruesa, que necesita para obra calificada, dejamos un día en que plantamos, pintamos, ponemos pasto, esparcimos maicillo, gravilla, y todo eso lo hacemos con vecinos, voluntariado de la empresa, voluntariado de parque y también con gente del municipio. Esa es la ruta”.

Para Aubert es importante que la comunidad entienda que hay una empresa que está que tiene una motivación para ayudar.

“Aquí no hay nombres, no hay cargos, no hay nada, o sea todos trabajamos por lo mismo. Dividimos cuadrillas, que una se encargue del pasto, y esa cuadrilla, el voluntariado de la comunidad, de la empresa, de todo, y da lo mismo si es gerente, si es otra persona de cualquier lado, de la comunidad, si es dirigente de la junta de vecinos, del comité de apoderados; todos trabajamos construyendo este espacio”.

La Fundación ya ha trabajado con más de 60 comunas, en todas las regiones de Chile.

“Este año vamos a llegar a los 300 proyectos, cada año vamos creciendo un poquito, entonces, la necesidad de ir levantando es súper alta. Entonces, nosotros siempre invitamos a las comunidades a escribirnos, siempre estamos en constante con la municipalidad, para entender las características del terreno, si es un bien de uso público, si es un destinado a área verde, si tiene rigor de agua potable, que sea constante”.

Carlos Aubert.

Proyecciones de futuro

Ahora, ¿qué proyecciones tienen para el futuro?

“Nosotros contamos como cuantos metros cuadrados de área verde llevamos al año, cuántos metros cuadrados de área verde faltan en Chile para que sea como tener cerca de 10 m2 de área verde por habitante, y quedan 500 años de trabajo. Entonces nos queda pega”, responde.

“Hay que ir con harto cuidado para hacer más proyectos…los proyectos siempre ir mejorándolos. Los desafíos en Chile son súper grandes, porque si uno va a una zona norte o a una zona sur tienen rivalidades geográficas muy distintas, y el diseño tiene que estar pensado para la zona geográfica, ir mejorando en la selección de especies, de diseño, los talleres, la metodología”.

Además de las plazas, la fundación está creciendo también mucho en patios educativos, que es el área verde en el interior de un jardín infantil o de un colegio.

“Trabajamos con la Junji y con la Fundación Integra. Eso ha ido creciendo y son proyectos que son increíbles porque son beneficios que le cambian la cara directamente a un jardín infantil”.

Para niños que pueden pasar hasta 8 horas en un jardín infantil, que tienen espacios que son muy abandonados, que son pura tierra, la Fundación crea un patio educativo que trata de ser una herramienta pedagógica con juegos que fomenten habilidades como motricidad y la destreza física.

“En regiones también siempre hay desafíos. Hay zonas naturales que no son exactamente la plaza da barrio, entonces uno piensa en lugares que son periféricos al pueblo pero que también dan, le entregan beneficios al espacio público… Pero queda mucho, mucho por hacer”.

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