El creador del periodismo canalla

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Tom Wolfe. (Foto: Joan Manuel Baliellas).

Por Pablo Espinosa
Periódico La Jornada

Reducido por el consumo a la inexistente figura de padre del nuevo periodismo, Tom Wolfe no se salva del juicio de la historia.

El tal nuevo periodismo y su supuesta influencia sobre una generación de tundemáquinas, se redujo en México al burdo manejo de los textos en primera persona. El protagonismo, el exhibicionismo y la impostura sustituyeron a lo que siempre ha sido periodismo, no viejo ni nuevo, y que consiste simplemente en escribir bien.

No hubo tal nuevo periodismo. El tiempo se ha encargado de demostrarlo.

Además, Wolfe fue un delator al servicio del impresentable J. Edgar Hoover y del FBI.

En un artículo publicado el 18 de noviembre pasado en el Huffpost, Jamie Bernstein, hija del director de orquesta Leonard Bernstein y de Felicia Montealegre, recuerda el infame artículo que publicó Tom Wolfe en el New York Magazine, titulado Esa fiesta en la casa de Lenny, distorsionando la convocatoria original.

Ese texto tomó forma definitiva en libro, con el título Radical chic, hace notar la hija de los Bernstein, con dolosas dosis de mala leche y burla. “Ese texto, ese su ‘nuevo periodismo’, lo reveló –acusa Jamie Bernstein– como secuaz del FBI de J. Edgar Hoover, a quien sirvió como delator del ala izquierda de los liberales judíos de Nueva York y de los activistas negros”, del movimiento Panteras Negras.

Ese término, radical chic, lo retomó Norman Mailer, otra de las víctimas de Tom Wolfe, quien también atacó a Noam Chomsky y a otros destacados intelectuales de izquierda.

Tom Wolfe pasa a la historia también como el autor del Periodismo Canalla.

La emprendió, del lado del FBI, contra quienes denominó marxistas rococó.

Denostó a los seguidores de Jacques Derrida y Michel Foucault. Se burló de Susan Sontag y de la feminista Judith Butler.

Su blanco más célebre fue el trío de escritores John Updike, Norman Mailer y John Irving, a quienes tildó de frustrados, caducos, montón de huesos viejos.

Norman Mailer y John Updike contratacaron así: Wolfe no escribe novelas, sino hipérboles periodísticas. Lo suyo no es literatura siquiera en sus aspiraciones más modernas, no es capaz de escribir una puta palabra. Nunca será uno de los nuestros.

Así era también el venerado Tom Wolfe.

Descanse en paz el creador del periodismo canalla.

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