Discriminación en altura: el mundo de los edificios de lujo, analizado por una socióloga

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Organización. En las torres se muestra el mundo de los que viven allí con cierto lujo y hay todo un dispositivo para hacer invisible a los que trabajan en ello.

Eleonora Elguezabal explica la organización social en las torres con amenities y seguridad.

Por Miguel Jurado / Clarín (Argentina)

Eleonora Elguezabal es argentina y graduada en sociología en París. En Francia, se doctoró con una tesis sobre los mundos sociales de las torres de Buenos Aires.

La editorial Café de las Ciudades acaba de publicar el trabajo con el título Fronteras Urbanas.

De visita en Buenos Aires, se dio tiempo para discutir sus descubrimientos en el universo de las viviendas porteñas.

─¿En qué medida las torres country, las torres jardín, esos grandes complejos amurallados con seguridad y amenities, son instrumentos de discriminación urbana?

─Las torres jardín son una construcción social que genera distinciones, diferenciación de los grupos sociales en la ciudad pero también dentro de ellas mismas. En la producción, venta y uso de una torre, los distintos actores tienen ciertas expectativas y tratan de que se hagan realidad. Por ejemplo, algunos tratan de discriminar para elevarse socialmente, otros las venden asegurando: “Vas a ser mejor que otros porque vivís en este lugar”. Entonces, no es que la torre sea un objeto discriminante. Uno podría decir que existe una organización social en ese espacio que discrimina hacia afuera y hacia adentro, en este último caso, basándose en la precarización laboral y en un control bastante rígido de los trabajadores por medio del personal de seguridad. Son como fábricas de segregación social.​

─¿Las torres que tienen más recursos puede discriminar más?

─No forzosamente porque los usuarios de esos edificios no son homogéneos, hay grupos que tienen más capital cultural, otros más capital económico, están las clases medias altas más establecidas, y aquellas que están en ascenso para las cuales las necesidades de elevación social son más explícitas.

Torres country. Está basada en la precarización laboral y en un control rígido de los trabajadores por medio del personal de seguridad.

─En tu investigación, decís que los dispositivos de seguridad de los edificios aportan más a la segregación social que a la prevención del delito.

─Sí, esa es una de las cosas que me parecieron más flagrantes porque esas torres muestran el mundo de los que viven allí con cierto lujo y hay todo un dispositivo para hacer invisible a los que trabajan en ello. Justamente, ese es el rol de la seguridad que marca las distinciones entre el mundo de los empleados y el mundo de los residentes. Esto siempre existe en los edificios de lujo, pero en las torres amuralladas se da una imagen homogénea y de paz social en la que no habría “gente distinta”. Y el rol de la seguridad es invisibilizar ese mundo del trabajo.

─Pero en un edificio clásico también hay portero. ¿Cuál es la diferencia?

─El portero está en la puerta y la gente lo conoce.

─Hay una familiaridad.

─Tiene un estatus, es un asalariado, es una personalidad en el edificio, se la reconoce con su nombre, si bien actúa en los espacios de servicio, porque siempre hay esa segregación. En estas torres country, el personal rota; son desconocidos.

─El personal de seguridad también distingue a los invitados de los residentes.

─Claro, en el ámbito de la seguridad manejan 3 categorías. Están los residentes, el mundo de los propietarios e inquilinos; están los gremios, que son todos los que vienen a trabajar, y después están las visitas. En este mundo dualizado interno, las visitas son pares de los residentes en términos sociales pero no tienen los mismos derechos. Para los vigiladores son un gran problema porque las visitas tienen un alto status pero, en muchos casos no pueden usar, por ejemplo, la pileta. Esa es una fuente de conflictos que llena los libros de quejas de esos consorcios.

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