De cómo ayudar a construir paz en Colombia a través de la pintura

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Pintura impresionista. (Foto: Fabio Avella Martínez).

Por Pablo Gómez Barrios | amlat@rcinet.ca

“Lo que yo hago es un impresionismo. Recojo las impresiones del mundo que me rodea y las plasmo sobre la tela. Pero tú en el fondo puedes ver que se trata de un bosque, de un amanecer, de un paisaje que te va a tocar y te va a gustar de alguna manera. Y prácticamente yo no necesito decir: mira eso es un arroyo o una catarata. Si te metes dentro del cuadro la vas a identificar, pero en el fondo es abstracta”. Fabio Avella Martínez, pintor.

El pintor colombo-canadiense Fabio Avella Martínez llevó una brillante carrera de diplomático en distintas partes del mundo, antes de volver a recorrerlo como artista. Su último cargo diplomático fue en la ciudad de Montreal, donde se estableció con su familia y aún todavía tiene establecida su residencia permanente.

Después de más de 30 años de vida diplomática y de haber sido pensionado por la Cancillería colombiana, cuando comenzó a mostrar su talento de pintor, me sorprendió porque yo lo había conocido desde su llegada a Montreal como diplomático y no conocía ese “lado colorido” de su personalidad.

Fabio es oriundo de Sogamoso, Boyacá, Colombia, en la región del Alto Chicamocha. Él me dice en entrevista que nació en un medio artístico. Que su padre era un comunicador social, artista y dibujante que instaló la primera radio en su ciudad. En aquella época en la que la radio era poner un gran parlante en el medio de la plaza principal, para informar a los ciudadanos sobre todo lo que sucedía en su pequeña ciudad.

Fabio creció en medio de pinceles, paisajes, olor a pintura y lienzos. En la escuela empezó a desarrollar sus habilidades de dibujo, pero más pudo la diplomacia y entró a la cancillería colombiana que años más tarde lo distinguió con la Orden de San Carlos por defender los Derechos Humanos cuando era cónsul en la ciudad de Managua, capital de Nicaragua.

Le tocó esperar más de 30 años para mostrar su lado colorido, que ya le conocíamos los amigos por su jovialidad y su forma de tratar. Y prácticamente al día siguiente de haber recibido el decreto que lo declaraba cesante y pensionado del servicio diplomático, agarró sus pinceles, sus pinturas y se dedicó a pintar.

Caballo, en la visión del artista. (Fabio Abella Martínez).

Él ya había seguido algunos cursos de acuarela y manejo del pincel. Aquí en Montreal, en el antiguo Centro de arte Saidye Bronfman, hizo algunos cursos para aprender a manejar otro tipo de técnicas de pintura y todo eso lo ayudó a liberar el artista que dormía en él.

Nunca pintó durante todo el tiempo que duró su carrera de diplomático. “Claro que a veces, en las conferencias internacionales aburridas, se hacía el que estaba tomando notas pero en realidad estaba dibujando en los papeles que tenía sobre la mesa”, nos dice Fabio muerto de la risa.

Sus temas preferidos en la pintura son el medioambiente y la naturaleza. Pero cuando despertó sus pinceles, durmientes durante mucho tiempo, trató de pintar paisajes y trataba de hacerlos muy figurativos, como lo llaman en arte, tratando de plasmar el paisaje en un lienzo, pero a fuerza de pintar el artista comenzó a encantarse con el color y a combinarlo.

Fue así como descubrió que podía ver la naturaleza de una manera más abstracta. Y comenzó a plasmar esa nueva sensación en el lienzo. A sentir las vibraciones que le dan los colores de la misma naturaleza, que no es ni más ni menos, que el arte abstracto.

Pablo Gómez Barrios conversó con el artista sobre su exposición Cromático Tropical actualmente en Bogotá en la Galería Arte KlanDestino hasta el 24 de febrero, de la Fundación Bogotá Arte Conexión y de la pintura como instrumento de paz, entre otras cosas.

Se puede escuchar el audio de la entrevista realizada por Radio Canadá Internacional en esta dirección electrónica:

http://www.rcinet.ca/console.php?id=7676563&image=http://img.src.ca/2017/02/10/635×357/170210_176m6_fabio1_sn635.jpg&locale=es&appCode=medianet

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