LA BITÁCORA de Asvat: Más allá de los Panama Papers

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Más allá de los Panama Papers

Ebrahim Asvat

Analista Político

LA BITÁCORA | 20 de abr. Yo quiero seguir analizando esta campaña mediática que utiliza a Panamá para recoger los males de la sociedad capitalista moderna. Panamá en mi opinión es el chivo expiatorio de algo mucho más profundo y los países desarrollados no saben como detener.

Detrás de los Panamá Papers hay un movimiento sísmico en las estructuras de poder y de la capacidad de ejercitar el poder sobre el capital.

Como mencionaba en bitácoras anteriores la globalización y la liberalización de las economías han traído como consecuencia el movimiento de los capitales financieros hacia lugares más propicios, mas rentables o mas seguros. Igual ha ocurrido con el desplazamiento de la mano de obra hacia países de menor costo. Se ha desplazado la industria manufacturera con graves consecuencias para la mano de obra en los Estados Unidos y Europa.

Hay un grito de angustia y desesperación pues esos puestos de trabajo con buenos salarios ya no regresaran de vuelta a estos países. El desempeño de la mano de obra en Estados Unidos y Europa deberá trasladarse hacia nuevas tecnologías y esas áreas no son suficientes para satisfacer los millones de nuevos afectados por la globalización y la liberalización de las economías.

Las ventajas de la producción material se la llevan ahora países que desde la periferia se convierten en potencias emergente circunscribiéndose la mayor conglomeración alrededor de los dos grandes ejes asiáticos: China e India. Unido a esta realidad la innovación tecnológica cuyo centro de convergencia es el Valley de Silicón en California empieza a desestabilizar a los tradicionales centros del poder del Este de Estados Unidos y Europa.

Pronto las universidades virtuales empezaran a desestabilizar ciudades como Boston, tradicionalmente centro de la educación del mundo, Nueva York y su industria de papel, publicidad y finanzas , como también a Washington D.C. y su poder regulatorio. Solo veamos el ejemplo de empresas como Khan Academy, Coursera y Academy Earth en materia de educación. Kindle, Google Ads, Twitter, Facebook, Instagram en materia de información , Aereo, Itunes, Netflix, Spotify, Youtube, bit torrent en Entretenimiento y Audiovisual.

Ya dejaran de ser importantes Boston, Nueva York y Los Angeles ciudades caracterizadas por concentrar un sector importante del poder en los Estados Unidos. Y que decir de las impresoras tridimensionales que permitirán la fabricación de cualquier producto en cualquier parte del mundo sin que exista una sede industrial para los mismos. Empresas como 3D Systems , Strategys llevan la vanguardia en estos temas. Y ver como empresas como Uber, Airbnb , Square, y la creación de Bitcoins empiezan a enfrentar el marco regulatorio de sectores importantes de la economía como el transporte, la industria turística, los medios de pago, la moneda circulante.

Cuando empiezas a entender ese desplazamiento del poder que ahora pasa por las manos de los detentadores de las nuevas tecnologías descubres también la antesala de una nueva revolución donde las viejas estructuras empiezan a fracturarse. Es obvio la reacción de los poderes tradicionales de alistarse a detener la avalancha. Se organizan a través de puntos de encuentros como la OECD, G8, G20, Foro Global para pretender por ese camino ejercer una hegemonía sobre el resto del mundo y poder por lo menos por esta vía controlar los flujos financieros y frenar las ventajas competitivas.

Los Panama Papers han sido el escenario para enfrentar dos visiones del capitalismo. La primera que va de la mano con los poderes tradicionales : Gobiernos, medios de comunicación, Academia y la nueva fuerza que viene de la mano de la tecnología y los cambios provocados con la liberalización y globalización del mundo. Se empiezan a desmoronar las lealtades naturales basadas en el concepto Estado-Nación y surgirá una humanidad más interconectada y móvil al igual que los capitales y la industria. “Todo lo sólido se desvanece en el aire” como bien lo decía Marshall Berman.

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